La correcta elección de soluciones constructivas para cubiertas pueden generar ahorros de hasta el 40% en consumo energético para calefaccionar ambientes.

Los materiales aislantes en las edificaciones tienen un impacto a corto y largo plazo. Entre los impactos a corto plazo se puede destacar la disminución de los consumos de energía destinados a calefacción y refrigeración. Esto permite lograr mejores niveles de confort térmico a un menor costo y ambientes más saludables.

El impacto a largo plazo tiene que ver con la vida útil de
las edificaciones. Dentro de la vida útil de los edificios se deben contemplar
los consumos de climatización y cuál es el costo para mantener niveles de
confort térmicos saludables a lo largo del tiempo.

Los consumos energéticos a lo largo de la vida útil de las
construcciones están vinculados a temas económicos y si se observa el problema
desde este punto de vista, es importante evaluar los costos iniciales
(inversión) en función de los costos de mantenimiento operativo. Los edificios
necesitan energía para vivir, algunos necesitan más y otro menos, esta
situación genera mayores o menores costos de mantenimiento.

El consumo energético también define la cantidad de toneladas
de CO2 que un edificio producirá con el fin de mantener los niveles de confort
térmico en los interiores. En nuestro país el sector de la construcción es
responsable del 25% del total de las emisiones de gases efecto invernadero del
país y gran parte de este porcentaje es producto de la climatización de los
edificios.

Para poder pasar todos estos conceptos a la práctica no hace
falta mucho más que aplicar las normas IRAM relacionadas al aislamiento térmico
de edificios.

Partiendo desde la norma 11601, que permite definir los
coeficientes de transmitancia térmica de cada componente de la envolvente, se
puede seguir por la norma 11603 y 11605 que define que tan bueno es ese nivel
de transmitancia térmica. En dicha norma se establecen tres niveles de
aislación (por el momento) siendo el Nivel A el óptimo, el Nivel B el medio y
por último el Nivel C el menos exigente que fue desestimado en 2018.

Con estos parámetros definidos resta evaluar el
comportamiento térmico de la construcción. Este comportamiento se puede
verificar mediante la norma 11604, que propone evaluar todas las pérdidas de la
envolvente edilicia y su consecuente valor energético estimado para
climatizarlo.

Pasemos a los valores

Tomando como referencia una vivienda publicada por el
Pro.Cre.Ar se evaluaron distintos tipos de cubiertas, manteniendo constante un
muro ideal con un K equivalente a 0.50 w/m2.K y cristales con vidrio común con
un K de 5.83 w/m2.K. En este modelo de estudio se han evaluado distintos tipos
de cubierta pesadas con el fin de poder cuantificar las pérdidas y su
consecuente impacto en el consumo energético.

Tabla de coeficientes de transmitancia (K) utilizados

Elemento Coeficiente K
Techo de vigueta + bloque cerámico 1.80
Techo de vigueta + bloque cerámico 1.16
Tecnopex Losas 0.42
Losa de hormigón 2.10
Muro 0.54

En este sentido los valores son claros. Una losa de hormigón
tradicional sin aislación térmica es un 60% menos eficiente que una losa
ejecutada con aislación térmica apropiada, mientras que una cubierta ejecutada
con viguetas y bloques cerámicos es un 51% menos eficiente y un 31% si la
cubierta se ejecuta con vigueta y bloque de EPS.

Observando los valores de consumo energético. Las cubiertas ejecutadas con Tecnopex Losas tienen un 20% de ahorro si se las compara contra las viguetas y el bloque de EPS, un 33% si se las compara con una solución de viguetas y bloque cerámico, y por último un 38% con respecto a una losa de hormigón ejecutada in situ.

Los valores son contundentes, y si esos valores se proyectan
a lo largo de la vida útil de las construcciones se puede evidenciar que la
inversión inicial se puede recuperar rápidamente logrando mejores niveles de
confort térmico y ambientes más saludables.